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JUAREZ SIGUE PRESIDIENDO LA MARCHA DE MEXICO El tiempo agiganta su figura

VICENTE LOMBARDO TOLEDANO

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Hay figuras que con el correr el tiempo empequeñecen y otras que se agigantan. En el campo de la filosofía las que se mantienen siempre vivas son las que ahondaron en la esencia del hombre. En la ciencia, las que descubrieron las leyes de la naturaleza. En la técnica, las que aplicaron los hallazgos científicos para mejorar la vida de la sociedad. En el arte, las que expresaron el deseo congénito al espíritu de elevarse hasta la cima del pensamiento. En la política, las que defendieron a los pueblos contra sus enemigos, venciéndolos, y les mostraron su porvenir.

La figura de Benito Juárez se ha agigantado. Las calumnias y las injurias que durante más de un siglo han volcado contra ella los elementos conservadores de México, no han afectado su personalidad, a semejanza de la espuma de la marea que sólo llega a los pies de la montaña que domina el océano. El pueblo lo ama sin comprender en toda su magnitud lo que hizo por su patria y por la libertad de todos los pueblos oprimidos. Lo ama porque fue un indio, conciencia lúcida de los verdaderos amos de su tierra. Lo ama porque siendo mexicano derrotó al invasor extranjero que se creía superior en todos los aspectos de la existencia a un pueblo de color oscuro sin acceso a los beneficios de la civilización que consideraba su patrimonio. Lo ama porque el pueblo sólo otorga su afecto a quienes lo comprenden y lo sirven.

El intelectual -el que usa la inteligencia para conocer la verdad y captar la belleza ofreciéndolas a sus semejantes- ama a Juárez porque sabe que puso fin a la Edad Media como concepción de la vida en América, inició la época moderna, formuló el alegato más vigoroso hasta hoy contra el imperialismo, y dio confianza a los pueblos débiles en la fuerza invencible de su derecho a vivir libres si saben defenderlo.

Pero en donde el amor a Juárez adquiere el valor de liturgia cívica llena de emoción reverente, es en la juventud, que de un modo espontáneo recuerda sus enseñanzas para que la luz que encierran siga alumbrando el camino de México, el 21 de marzo, recuerda que Juárez está con el pueblo y en el pueblo y encarna en cada nueva promoción humana.

¿Por qué la juventud? Porque Juárez creó los primeros centros de enseñanza superior basados en la ciencia, opuesta a los fanatismos ya los prejuicios seculares. Porque fue el primer gran educador del Nuevo Mundo, el autor de la Escuela Nacional Preparatoria y el impulsor de los Institutos Literarios y Científicos, transformados hoy en Universidades, de las que salieron los constructores del México de nuestro tiempo.

En las ceremonias en honor de Juárez participan los tres poderes del Estado y los jefes del ejército. ¿No fue acaso el Presidente Indígena el inspirador de los “chinacos”, herederos de las muchedumbres mal armadas de Hidalgo y de los heroicos guerrilleros de Morelos? Pero los jóvenes los dirigen. Vestidos de tiesta adoptan la actitud de sacerdotes de un culto en el que cualquiera falla a las normas previstas resulta imperdonable. Hay que ver la celebración, en Toluca, con un protocolo encantador por rígido e ingenuo, en un escenario adornado de flores blancas, en el que se enlazan armoniosamente el discurso grandilocuente, la peroración conceptuosa, la música y el canto de la poesía lírica. Es un homenaje puro al más puro de los mexicanos y en Durango, los estudiantes de la Universidad Juárez del Estado hacen guardia durante veinticuatro horas consecutivas ante la estatua del Benemérito de las Américas, ataviado a la europea como acostumbraba, para simbolizar en su persona al pueblo mestizo surgido de la fragua de la conquista. Los segundos que por turno casi militar pasan los jóvenes ante la efigie del patricio, les bastan para renovar su fe en el futuro de México, que mañana vivirá con cabal autonomía y con el señorío congénito de las tribus que lo fundaron.

Desgraciado el que mira atrás, porque puede petrificarse, como dice la sabia metáfora de la mujer de Lot en la Biblia. Pero sólo puede aplicarse a los que renuncian al porvenir por añorar el pasado. No a quienes buscan en la historia lecciones y advertencias para evitarse tropiezos, ni a los que se sienten firmes en el presente porque son los herederos de las verdades inmarcesibles de ayer, y miran hacia adelante con la confianza de los que navegan seguros de llegar al puerto elegido.

El retrato de Juárez preside cada una de las aulas de las escuelas de la Universidad, y su espíritu se halla en el ambiente de la hermosa región poblada de árboles y sembrada de jardines en la que se han ido levantando los edificios de la ciudad del saber en el valle del Guadiana. Todo incita al estudio y a la discusión que ensancha los conocimientos y abre el camino para marchar sin temores.

País sin crisis porque ha vivido en ella desde hace largos años, a causa del estancamiento de sus fuerzas productivas y de la ignorancia o de la falta de ímpetu de sus gobernantes, Durango ha de resurgir por el ánimo de su nueva generación que quiere vivir al ritmo veloz de otras regiones de la patria, dentro del desarrollo general de la humanidad de nuestra época.

Mientras la juventud mantenga el fuego sagrado que encendió Benito Juárez para alentar a su pueblo, y lo encomiende a la que debe sucederle para que nunca se extinga, nuestro pueblo ensanchará la ruta que ha de llevarlo a la felicidad por la que todos han luchado sin tregua ni fatiga.

Durango, viernes 12 de marzo de 1965.

*Artículo publicado en la revista Siempre!, el 24 de marzo de 1965.

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